El verano que lo cambió todo

Hace dos meses salí del blog sin saber muy bien si iba a volver.

Después de una temporada de trabajo súper intenso, necesitaba hacer un break y pararme a pensar, porque no estaba segura de si me apetecía seguir haciendo esto…

No te engañes, me encanta mi trabajo, pero me niego a que me absorba. Y precisamente así es como me sentía, absorbida, pasando cualquier pensamiento, cualquier decisión, por el filtro de La Mujer Araña que todo lo condiciona.

Por eso, una de las cuestiones que quería revisar a conciencia este verano era el espacio que este proyecto ocupaba en mi vida; porque cuando decidí empezar esta aventura lo hice como un puente, un medio, para alcanzar otras cosas: flexibilidad de horarios, un trabajo creativo y nada monótono; en definitiva, la libertad suficiente para hacer lo que quisiera en cada momento. Y no es que me quiera ir de lista pretendiendo vivir del aire (¡como si nadie quisiera lo mismo!); es que para mi esto es vital:

Lo más importante para mí, por encima de cualquier otra cosa, es la libertad. Libertad para ir y venir a mi antojo, para decidir en cada momento qué hago con mi tiempo, en qué proyectos me involucro y cómo desempeño cada tarea.

Una libertad que el trabajo por cuenta ajena me había robado, y por eso lo abandoné.

Así nació La Mujer Araña, como un medio para alcanzar la tan ansiada libertad, aún a cuenta de sacrificar la mitad del cheque. Pero llegó un momento en el que las cuentas no daban; entonces estaba tan esclavizada como antes…

Por eso me propuse probar un híbrido entre el trabajo por cuenta ajena (que me otorga la seguridad de pagar el alquiler todos los mese) y este proyecto, que me permite seguir creando, creciendo, respirando y sintiéndome viva.

El follón vino porque decidí empezar enseguida y me puse a trabajar en una cafetería para sacarme unas perras extra durante el verano. Fue un shock, una locura, no me esparaba para nada lo que allí me encontré; pero sobre esto ya escribiré más adelante.

La parte buena es que tanto estrés, tanto desconecte, me sirvieron para poner todo en perspectiva y confirmar lo que hoy te estoy contando. Así es que, entre libros y playa, aproveché los días que me quedaban de vacaciones para reestructurar esta propuesta y definir nuevos objetivos y prioridades.

Porque La Mujer Araña crece y evoluciona conforme yo lo hago; los cambios son inevitables.

Esta nueva temporada (¡la cuarta!) va a ser muy distinta a todas las anteriores; porque más allá de #tejerslow, me apetece mostrarme sin careta y tejer contigo una relación de plena confianza.

A partir de ahora, el blog será mucho más personal. Me apetece escribir sobre la vida lenta en el taller, el proceso creativo, un estilo de vida alternativo y consciente… sobre todo el proceso que me trajo hasta aquí.

Me apetece escribir sin prisas ni presiones, sin más pretensión que la de compartirlo contigo. Y publicar sólo cuando tenga algo importante que decir.

Eso sí, el boletín que llevo un año escribiéndote seguirá siendo la pieza angular de este proyecto. Es mi vía de comunicación preferida (por ser más íntima y más cercana); así que desde aquí te invito a que te suscribas para recibir un aviso cada vez que haya algo nuevo.

Este año estaré muy centrada en mis cursos y talleres; así que nunca se sabe cuándo andaré por aquí…

Hasta la próxima,

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5 pensamientos en “El verano que lo cambió todo

  1. Pingback: Cada vez menos… « La Mujer Araña

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