Cada vez menos…

Cuando el pasado verano hice revisión (así lo contaba en el artículo que inauguró la temporada), la primera conclusión a la que llegué fue que La Mujer Araña se había comido todo a mi alrededor y me había dejado vacía. Me había fagocitado.

Es algo de lo que ya había oído hablar: le pasa a muchas personas con trabajos creativos que, como no estén atentos, al mínimo despiste la criatura se lo come todo – tiempo libre, relaciones, intereses… Es algo muy común, sí; pero yo no lo quería para mí. Nunca lo quise.

Por eso, durante el verano, empecé a tomar decisiones que cambiasen el rumbo de este proyecto hacia algo más equilibrado, más en sintonía con mi vida personal y mis inquietudes más allá del tejido.

Una de estas decisiones fue limitar el tiempo que le dedicaba a este proyecto; porque, desde que empecé, siempre me dediqué full time a La Mujer Araña: a los diseños, a los talleres, a la promoción… Y es que cuando empiezas tienes que poner toda la carne en el asador, tienes que definir qué es lo que quieres hacer y al mismo tiempo buscar a las personas que podrían estar interesadas en ello. Y si resulta que al final no le interesa a nadie, debes cambiar el rumbo y probar algo nuevo. Contar tu mensaje, darte a conocer… Es un trabajo agotador. Sobre todo porque no sabes muy bien lo que estás haciendo – estás probando – y tienes que empezar de cero una y mil veces. Sobre todo porque estas cuestiones de promoción (que cuando era productora me encantaban), quitan tiempo a lo esencial, que es el tejido.

Y yo echaba mucho de menos tejer como antes, cuando lo hacía sólo porque me apetecía.

Por eso un día, mientras charlaba con una compi artesana, algo hizo click: ella me comentaba que “iba muy a saco” y yo le respondí que sí, que era la única forma que tenía de entender un proyecto viniendo del mundo de la producción; donde todo son fases, plazos y objetivos.

Lo que no le dije (no por nada en especial, estábamos hablando de muchas cosas); es que yo no había tenido alternativa: monté este proyecto cuando me quedé en paro – desempleada, más bien, que ni paro tenía… – y esto tenía que funcionar sí o sí porque no tenía de dónde comer (bueno, para comer siempre tuve, gracias a Dios, que no me faltó ayuda; pero encontrarte de pronto sin tu propio dinero es un palo).

Pero durante el verano algo cambió: me di cuenta de que esa etapa había acabado. Ya me conocían muchas personas (casi 1,500 entre el boletín, facebook e instagram), ya tenía todas las horas ocupadas con los talleres… y ya estaba muy cansada de la promo, del email, de meterme en mil saraos… Yo lo que quería era tejer.

Ahí fue cuando decidí que LMA pasaría a ser un proyecto a tiempo parcial. Y que si las cuentas no daban, ya completaría con otra cosa.

Porque sobre todo me apetece hacer cosas que no tienen mucho que ver con esto, pero que son indispensables para mi crecimiento que es lo que luego me permite crear. Y es que en definitiva eso es lo que más me interesa: mi crecimiento personal.

Pero para poder crecer necesito tener la cabeza tranquila; no estar constantemente absorvida, pensando en el siguiente paso.

Necesito hacer menos para poder ir más despacio, sin presión. Hacer cada vez menos para llegar a la esencia de las cosas.

Me cansé de andar corriendo, ocupándome de todo a la vez. Y vale que funcionar así es algo innato en mí (ahí me acordé de El Carro, mi carta del tarot, y todo encajó) y vale que la iniciativa es un gran don, pero, como todo, mejor con moderación.

Vivir “tirando del carro” no es slow, no es la forma en la que quiero hacer las cosas.

Y si constantemente siento el impulso de dedicarme a la artesanía, a la meditación, a disfrutar del proceso… quizás sea una llamada de atención para trabajar este aspecto. Para parar y dejarme ir.

Ya di el primer paso (la semana pasada te conté cómo le dije adiós a la colección); pero todavía necesito desprenderme más, centrarme mejor. Por eso, esta temporada voy a estar muy enfocada en mis talleres (que me llenan, me colman; me permiten conocer a tantas mujeres sabias, de las que aprendo un montón – no sólo de tejidos) y en el blog. Porque cada día me apatece más escribir.

Y esto es algo que no entraba en mis planes a principios de temporada; pero, como dije la semana pasada, el único plan es seguir sin plan.

Hasta la próxima,

Firma

 

Otra consecuencia de todo esto es que mi presencia en las redes sociales será cada vez menor, por eso si no te quieres perder nada, lo mejor es que te suscribas.
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