Hoy no tengo nada que decir

Ya sé que últimamente no ando mucho por aquí y que este blog a veces da la impresión de abandonado; pero –como llevo tiempo comentando– este año he querido sentarme a escribir sólo cuando tuviera algo importante que contarte. Y la verdad es que claridad, por aquí, últimamente hay poca.

El caso es que, durante esta temporada, he conseguido muchos de los objetivos que llevaba tiempo proponiéndome; sobre todo en el terreno laboral: las clases van fenomenal y, como ya no tengo la presión de generar trabajo nuevo constantemente, puedo disfrutar del tan ansiado tiempo libre. Sin embargo, como suele suceder en estos casos, cuando consigues apartar un árbol que llevaba tiempo cegándote, aparece el bosque entero y descubres que hay mucho que podar…

Por eso, ahora que por fin me encuentro donde hace tiempo quería estar, de pronto tropiezo con la incertidumbre y el reto de definir qué es lo que viene después… y eso me paraliza, claro, porque me enfrenta a un montón de miedos y dudas. A fin de cuentas, es un período de transición, el comienzo de una nueva etapa, que exige una reflexión profunda para tomar decisiones (esta vez, de las importantes –de esas que afectan a mi vida entera y no sólo a mi trabajo).

Y para qué negarlo: remover la mierda, duele.

O, en mi caso, enferma; porque entre unas cosas y otras, desde febrero me acompaña un buen catarro (que ahora mismo ha mutado en sinusitis) y para rematarla el domingo pasado me esguincé un dedo.

Ahí fue cuando me di cuenta de que tenía que sentarme a meditar, de que mi tiempo muerto (mi período de duelo, de bloqueo y de duda) había terminado y tenía que ponerme manos a la obra.

No es un proceso sencillo, lo sé; pero como el tiempo de este mes de abril, voy y vengo: de pronto me relajo al calor del sol, soñando con un futuro ideal, y al momento siguiente estoy atrapada en un temporal, agobiada hasta la médula.

Sin embargo, como digo, cada tanto escampa y puedo ver un rayo de sol. Así, de apoco, empiezo a sentirme cómoda con el cierre de la tienda (que, quién lo diría, al final fue un varapalo más grande de lo que esperaba). De a poco voy entendiendo cuál es el presente de este proyecto, y sólo desde ahí puedo empezar a bosquejar un futuro. Así, de a poco, voy trazando el camino que quiero seguir a partir de ahora y la forma en que quiero transitarlo: despacio, con consciencia.

Porque, al final de todo, entiendo que quizás sea eso lo que me falta para poder crear de nuevo: consciencia.

Nos vemos pronto!

Firma

 

A veces me pregunto si te interesará algo de todo esto. Divago pensando en si es correcto o no que te lo cuente, en cómo afectan a este proyecto seis meses de bloqueo creativo… Pero, por otro lado, también pienso que si el objetivo de este blog es ser testigo de lo que ocurre en mi taller y ahora mismo no sucede nada… pues también vale la pena contarlo, no?
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4 pensamientos en “Hoy no tengo nada que decir

  1. ¡Ánimo! Soy de las que creen que la vida tiene momentos para la acción, y momentos para la reflexión. Paso a paso y día a día, los procesos necesitan su tiempo, pero nos empeñamos en tener siempre prisa… No llega antes quien más corre, ni hace falta podar todo el bosque en un día. Sigue escribiendo, por favor, tienes mucho que decir. Un abrazo.

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