Otro curso que llega a su fin…

Y ya van cuatro, ni yo me lo creo. Esta ha sido la temporada más dura, más confusa, para la_mujer_araña; pero, al mismo tiempo, también ha sido la más productiva. Y no en el sentido de producir artículos (de eso ha habido poco, la verdad), sino productiva en el intento de encontrar un propósito para este proyecto y dotarlo de contenido.

Cuando empecé esta aventura, lo hice pensando en construir una alternativa de autoempleo que me permitiera salir del círculo de buscar trabajo precario cada seis meses. Pero, con el tiempo, la realidad me dio en la cara y comprendí que ser autónoma tampoco es fácil en este país. Así que este año tuve que volver al redil del trabajo por cuenta ajena. Pero a media jornada, eso sí; porque tenía muy claro que quería que este proyecto me siguiera acompañando, lo que no sabía muy bien era cómo…

Por eso este año fue tan difícil, porque el verdadero trabajo fue el de volver a encontrarle un sentido a este proyecto ¿Si no creo productos para vender, si no puedo dedicarle tiempo al blog… de qué va la mujer araña? De las clases, eso siempre (y tan agradecida que estoy de mis alumnas, algunas de las cuales llevan casi cuatro años a mi lado). Pero siempre hubo algo más… y creo que recién ahora empiezo a entenderlo.

En fin, tampoco quiero parecer “La llorona” hablando todo el rato de lo dura que es la vida; porque también ha habido cosas buenas y que al final son con las que me quedo. Como la cantidad de comentarios en el blog y los correos que he recibido tras la publicación de cada artículo, cargados de cariño y apoyo (algo con lo que no contaba y que me daba bastante miedo cuando decidí darle un giro tan personal a mis publicaciones).

Me quedo con todo lo vivido estos últimos meses en Endulze, con las ganas de colaborar que encontré allí y con las mujeres excepcionales que participaron en los talleres. Lo hemos pasado realmente bien y, si todo sale como esperamos, en septiembre volveremos con nuevas propuestas. También me quedo con el DITP que celebramos el sábado pasado y que una vez más me sirvió para convencerme de por qué es importante tejer en público: para compartir, para mantener vivo este oficio e integrarlo en la comunidad. Porque desde que tejo en la calle no ha habido un sólo día en el que no se me acercara alguien a charlar, a preguntarme qué estaba haciendo y a contarme alguna historia de las tejedoras de su familia. Después de que este año me echaran de un bar por calcetar, es una labor que ha cobrado más sentido que nunca.

Pero sobre todo me quedo con este nuevo espacio que he creado para mí, en el que puedo reflexionar, dudar, equivocarme y empezar de nuevo. Un espacio en el que puedo investigar y profundizar en mis inquietudes que son – en verdad y en definitiva – las que dotan de sentido a este proyecto.

Y así termino un curso más, con una sensación de satisfacción que esta vez es extraña pero que sabe a mucho. Porque sabe a constancia. Porque sabe a madurez.

Boa noite meiga! Nos vemos de nuevo en septiembre.

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